MARKETING SOCIAL
Para nadie es un secreto que el MARKETING SOCIAL social se ha desplazado de la periferia al escenario central. De esta forma, la responsabilidad que las empresas hoy han adquirido, es un fenómeno que podría resultar contradictorio a los objetivos económicos de las propias compañías.
En otras palabras, lo anterior queda perfectamente ejemplificado cuando una empresa como McDonalds inicia campañas para promover una alimentación sana y balanceada, o bien como cuando la tabacalera American British Tobacco puso en marcha el programa Yo paso, cuya temática está relacionada con hábitos y calidad de vida. De esta forma se puede asegurar que la MARKETING SOCIAL es un reflejo del compromiso interno de las empresas y cuando se trata de un individuo o un emprendedor, es el resultado de contar con una jerarquía de valores en los que se pondera la asistencia y las oportunidades de forma igualitaria. En otras palabras, la responsabilidad social se puede entender como estrategias que generan valor agregado y ventajas competitivas para la organización o para el individuo que las pone en práctica. El día de mañana, estas acciones serán requisitos indispensables para contar con la aceptación de los clientes o consumidores. La responsabilidad social es una vinculación con la comunidad, lo que se traduce en participación e inversión de la empresa o del individuo en beneficio del desarrollo de procesos sociales o comunitarios. Así, se puede decir que las acciones de la responsabilidad social forman parte de una estrategia de negocios orientada a ganar-ganar, por lo que la responsabilidad social, es un buen negocio, dicho de otra forma: las acciones con responsabilidad social no son un gasto, son una inversión que genera ganancias y utilidades, en algunos casos de forma inmediata, y en otros a mediano y largo plazo (González, 2005). Las empresas socialmente responsables
En la realidad actual, la sociedad demanda grandes cambios al interior de las empresas, a fin de que éstas brinden su total apoyo a la comunidad; es por ello que los corporativos deben implementar cambios sólidos y coherentes en su sistema de valores, así como en el desarrollo de sus estrategias de negociación para poder acrecentar con base en ello, su cultura de participación social.
Las empresas modernas, en el ejercicio de su actividad económica, han producido indudables beneficios sociales y que, en general, han proporcionado al público un abastecimiento oportuno y adecuado, además de una más efectiva distribución de bienes y servicios. Sin embargo, es evidente que hoy en día, no basta que las empresas cumplan simplemente con sus finalidades económicas; la gente, en general, espera de ellas que tomen parte también en otras áreas de la vida social y aporten soluciones (Servitje, 2000).

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